Oración: Dios-con-nosotros


No faltan en nuestros días anuncios que nos hablan de la Navidad, las calles se adornan con luces y bonitos escaparates, y parecen no faltar motivos para festejar o para mostrarnos alegres. Suenan villancicos, atracciones para niños, espectáculos para jóvenes y adultos. La Navidad está en la calle y eso es siempre motivo de alegría.

También es motivo de alegría orar desde la Navidad. Profundizar en el misterio de la encarnación de Dios como parte del plan de Dios para el mundo y para cada uno de nosotros. Dios nace para cada uno desde la fragilidad, siendo esperanza y yendo a lo esencial. Es Dios-con-nosotros.


Estando ellos allí, le llegó la hora del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no habían encontrado sitio en la posada. (Lc. 2, 6-7).



Inmaculada Concepción


En María encontramos un sincero referente para nuestra fe. María es para nosotros un modelo de encarnación. Un camino que nos habla de ir tejiendo y haciendo realidad la voluntad de Dios en nuestra vida. “Hágase” es la respuesta sincera, profunda y comprometida de María ante el plan de Dios.

Y ese “Hágase” se concreta en María en algo más que una palabra pronunciada en un momento preciso de su vida; sino en una serie de valores, actitudes, virtudes que practicó a lo largo de su vida.


En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel. (Lc. 1, 26-38).

En este día de la Inmaculada Concepción de María rezamos cantando con el Ave María.