Oración: Llamados y convocados


Jesús nos ama de una manera profunda, sin límites. Tal y como dice el Papa Francisco: Jesús nos sigue preguntando, ¿quieres ser mi discípulo?, ¿quieres ser mi amigo?, ¿quieres ser testigo del Evangelio?
Rezamos con las llamadas que Dios nos va haciendo a lo largo de nuestra vida. Una llamada por mi nombre y a servirle en comunidad.


Mientras caminaba junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos: Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano que estaban echando una red al lago, pues eran pescadores.
Les dijo:
Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres.
De inmediato dejando las redes le siguieron.
Un trecho más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago de Zebedeo y Juan, su hermano. en la barca con su padre Zebedeo, arreglando las redes. Los llamó. y ellos inmediatamente, dejando a la barca y a su padre, le siguieron. (Mt. 4, 18-22).




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Oración: Juan Bautista, una voz que grita en el desierto


En medio de la historia de salvación del pueblo de Israel irrumpe la figura de Juan Bautista. Todo un regalo de Dios, ya que prepara y anticipa la redención de su pueblo. Al igual que en su época, en la nuestra; su vida, su vocación, sus palabras, su muerte, también nos hablan de cómo Dios actúa a través de nosotros, pudiendo llegar a ser instrumentos de liberación.


Una voz grita: En el desierto preparad un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; (Is. 40, 3). 




Oración: Hijos, hijos, hijos... Abba Padre


Una madre, un padre, da todo por sus hijos. Es habitual escuchar que algún padre daría la vida por sus hijos. Y hasta que no se es padre o madre, muchas veces es muy difícil hacerse consciente del alcance de esas palabras, de hasta donde alcanza ese amor, en la alegría, el sufrimiento, el dolor, la felicidad, la angustia, la desobediencia...
Como hijos de Dios, oramos para que podamos conocer y amar mejor a nuestro Padre. Abbá Padre.


Antes de formarte en el vientre te escogí; antes de salir del seno materno te consagré y te nombré profeta de las naciones. Jr. 1, 5.




Taller de Oración en Valladolid

Desde la Comunidad CVX de Valladolid, ofrecemos otro año más la posibilidad de crecer y profundizar en la oración mediante el Taller de Oración.

Consiste en una experiencia eminentemente práctica que favorece el encuentro personal con Dios, por medio de los métodos de oración sugeridos en los Ejercicios de san Ignacio. Consiste en hablar cara a cara con Jesús, aprender a mirarle a los ojos, descubrirle en el silencio de tu interior. Propiciar, en resumen, una relación directa y profunda con el Señor, una amistad personal y duradera.

Tendrá lugar el próximo fin de semana del 12 y 13 de noviembre de 2016 en la residencia de los jesuitas en la C/. Ruiz Hernández, 10 de Valladolid.

Está dirigido a cualquier persona que desee descubrir por primera vez algunos métodos de oración personal. No es necesario tener experiencia previa de oración. También es muy útil para quien quiera mejorar la experiencia de oración que ya tenga.

Para recibir información o realizar la inscripción, puede ponerse en contacto mediante el correo: taller.oracion.valladolid@gmail.com


Oración: Fragilidad que abraza


Todos tenemos nuestras pequeñas parálisis, pero puedo quedarme mirando mis propias debilidades, o aceptarlas y descubrir al hermano. Desde mi fragilidad, me llamas a mirar a otros, escucharlos y tomar su camilla, acercarlos a ti, a tu Reino. Quizás tenga que dejar todo lo demás por un momento para ofrecer mi mano, ¿estoy dispuesto a ello?


Un día en que estaba enseñando asistían sentados unos fariseos y doctores de la ley que habían acudido de todas las aldeas de Galilea y Judea y también de Jerusalén. Él poseía fuerza del Señor para sanar. Unos hombres, que llevaban en una camilla a un paralítico, intentaban meterlo y colocarlo delante de Jesús. Al no hallar modo de meterlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, por el tejado, lo descolgaron con la camilla poniéndolo en medio, delante de Jesús. (Lc. 5, 17-19).




Oración: El buen samaritano


Posiblemente aún dudamos de quién es el prójimo, Jesús lo aclara en la parábola. El prójimo son todos los seres humanos, pero especialmente quienes me necesitan y esperan mi ayuda, quienes han caído por el camino, quienes han sido golpeados de un modo u otro por la vida, quienes se agolpan en nuestras fronteras… Basta asomarnos un poco a la calle para ver que el prójimo está a nuestro lado. Lo podemos ver cada día en casa, o al salir a la calle, o al pasar las páginas de un periódico...


En esto un doctor de la ley se levantó y, para ponerlo a prueba, le preguntó:
- Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? 
Jesús le contestó: 
- ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué es lo que lees? 
Respondió: 
- Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo. 
Entonces le dijo: Has respondido correctamente: obra así y vivirás. 
Él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Lc. 10, 25-29.




Oración: Cuando mi ritmo se acompasa al de Dios


Dios está y nos escucha siempre, pero su ritmo es diferente, es diferente para cada uno de nosotros, y está lleno de infinita paciencia. Nos acompaña en nuestra vida silenciosamente, sin que apenas nos demos cuenta. Nos espera siempre.

Podemos intentar ir al paso de Dios. Él presta atención a nuestro paso, y va en nuestra misma dirección. Es como cuando paseas con un amigo. Caminar juntos implica a veces desacelerar mi ritmo, otras veces dejar que sea él quien tire, o dejarme orientar, y en ocasiones disfrutad del caminar acompasado de los dos. Y en todo el trayecto saborear el camino y la compañía. Si confiamos en Dios sus pasos harán que el Reino de frutos.


“Aquel mismo día, dos de ellos iban a una aldea llamada Emaús, distante a unas dos leguas de Jerusalén. Iban comentando todo lo sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona los alcanzó y se puso a caminar con ellos. Pero ellos tenían los ojos incapacitados para reconocerlo” Lc. 24, 13.