Oración: El grano de mostaza



Seguramente muchas veces hemos oído hablar sobre el grano de mostaza, algo muy pequeño que se convierte en algo muy grande. Y lo hemos asemejado a cómo el Reino de Dios es algo muy pequeño pero cuando se va descubriendo y encarnando, se torna en algo inmenso.
Pues bien, hoy, nos detenemos a rezar con espíritu renovado la mostaza.


El reinado de Dios se parece a una semilla de mostaza que un hombre toma y siembra en su campo. Es más pequeña que las demás semillas; pero, cuando crece es más alta que otras hortalizas; se hace un árbol, vienen las aves del cielo y anidan en sus ramas. (Mt. 13, 31-32).



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Oración: Liderar sirviendo

Un líder es una persona que transmite con su vida unos principios que animan a otras personas a seguirlos. Esto supone una gran responsabilidad dado el impacto que produce en la vida de los demás.
Sus decisiones, además, harán que el futuro de nuestro planeta y sus habitantes tome un rumbo u otro.
No es sencillo para el líder asumir y entender esa responsabilidad. En nuestro mundo podemos ver continuamente cómo la gente con poder se ha olvidado de usar ese poder para servir y, en cambio, se centra en perseguir su propio interés. Por ello es necesario, como tantas veces nos recuerda el Papa Francisco, rezar por un liderazgo desde el servicio.


Cuando les hubo lavado los pies, se puso el manto, se reclinó y dijo: -¿Entendéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis maestro y señor, y decís bien. Pues si yo, que soy maestro y señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros mutuamente los pies. Os he dado ejemplo para que hagáis lo mismo que yo he hecho. Os aseguro que el esclavo no es más que su señor, ni el enviado más que el que lo envía. Si lo sabéis y lo cumplís, seréis dichosos. (Jn. 13, 12-17).



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Oración: María; un sí que sabe a Reino

No siempre sé cómo encajar las cosas en mi vida. Algo parecido sucede en María. Contemplándola, puedo ver cómo se deja en manos de Dios y dice Sí. No necesita todas las explicaciones, sino que confía en Dios y se deja en sus manos.
Traigo ante ti, Señor, todas mis dudas, mis experiencias e intento dejar de lado las certezas a las que me agarro, y fiarme de ti sin buscar saberlo todo. 

Proclama mi alma la grandeza del Señor, mi espíritu festeja a Dios mi salvador, porque se ha fijado en la humildad de su esclava y en adelante me felicitarán todas las generaciones. Porque el Poderoso ha hecho proezas, su nombre es sagrado. Su misericordia con sus fieles continúa de generación en generación. Su poder se ejerce con su brazo, desbarata a los soberbios en sus planes, derriba del trono a los potentados y ensalza a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos. Socorre a Israel, su siervo, recordando la lealtad, prometida a nuestros antepasados, a favor de Abrahán y su linaje por siempre. (Lc. 1, 46-55).



Oración: La mejor parte

Muchas veces, la velocidad del día a día nos llena nuestra razón y nuestro corazón de quehaceres banales y sin importancia, que con nuestro permiso se disfrazan de importantes y fundamentales para nuestras vidas. Pero estas "urgencias", si las pasamos por el prisma de la mirada de Dios, se evaporan como el agua; y es entonces cuando se nos revelan las cosas sólidas que permanecen, las cosas que realmente son importantes; y la fundamental para un cristiano es la de estar a la escucha de la Palabra de Dios.



Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. (Lc. 10, 41-42).



Oración: El amor en la familia

El Papa Francisco a través de la Exhortación Apostólica “Amoris laetitia” nos invita a “contemplar a Cristo vivo y presente en tantas historias de amor” (AL 59) y ello bajo el lema “se trata de integrar a todos”. Por ello, aceptamos esa invitación y proponemos rezar desde el amor que Dios derrocha en tantas y tantas historias familiares. 

Miramos con ternura, con la mirada amorosa de Dios a hermanos nuestros en situación de especial dificultad, madres adolescentes, niños sin padres, mujeres solas que llevan adelante la educación de sus hijos, personas con discapacidad, jóvenes que luchan contra la adicción, solteros, separados, viudos que sufren soledad, ancianos y enfermos… personas que quizá vivan muy cerca de nosotros o incluso pertenezcan a nuestra propia familia. 


El camino de la Iglesia “es siempre el camino de Jesús, el de la misericordia y el de la integración (…) El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero (…) Porque la caridad verdadera siempre es inmerecida, incondicional y gratuita” “Nadie puede ser condenado para siempre porque esa no es la lógica del Evangelio” (Amoris Laetitia 296-297).




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Oración: La profundidad de la Consolación

La vivencia de la cruz y muerte de Jesús provoca una gran tristeza y desamparo. Los apóstoles vivieron estos sentimientos en primera persona y se quedaron paralizados, con dudas y desesperanza. Pero tras la Resurrección, las apariciones de Jesús facilitaron el encuentro personal, y fue gracias a esos encuentros cuando se fue transformando el interior de los apóstoles para ver las cosas de forma distinta, para dejar el miedo y alcanzar el valor. La presencia de Jesús resucitado les iluminó para comprender el sentido de lo ocurrido y, sobre todo, les consoló con serena alegría. 

San Ignacio nos ayuda a prepararnos para reconocer esos momentos de consolación y nos explica que en consolación “mi alma se llena de amor a su Creador y Señor”, y cuando experimento que “Dios es el centro y todo uno” y “todo mi ser se llena de esa presencia de Dios que lo colma todo y encuentro en Él mi razón de ser”. En ese momento de consolación, de presencia de Dios en mi vida, “nada puede ser vivido, entendido, amado, gozado sino sólo Dios”.


Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: Paz con vosotros. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. (Jn. 20, 19-20).




Oración: La Pasión desde la historia de Judas

Voy a ir contemplando en esta oración como Jesús miraba a Judas e imaginar los sentimientos y pensamientos que pudieron surgirle en los últimos días de convivencia con Jesús. Le pido con total confianza al Señor que acoja este momento de oración.

A las alturas de la Última Cena, Judas ya se había desencantado de Jesús: el reconocimiento social iba decreciendo, su “posición” entre los discípulos no destacaba, y sus promesas de Reino no llegaban nunca. ¿Y si estaba él perdiendo el tiempo con Jesús? ¿Y si todo era un sueño? ¿Iba a malgastar su vida por alguien (Jesús) que ya la estaba empezando a perder? Todas estas dudas se fueron apoderando de su corazón… hasta el punto que Juan sentencia rotundamente que “era de noche” en su alma.


“Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce: y se fue a tratar con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia del modo de entregarles a Jesús. Ellos se alegraron y quedaron con él en darle dinero. El aceptó y andaba buscando una oportunidad para entregarle sin que la gente lo advirtiera” (Lc. 22, 3-6).



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