Oración: María guardaba todo en su corazón

El corazón es el motor de todo, sin el corazón no se vive, no se siente... Muchas veces hemos usado expresiones como “te quiero de corazón”, “con el corazón en la mano”, “me ha tocado el corazón”, “te quiero con todo mi corazón”... y es que María pone todo su ser, su memoria, su emoción, su entendimiento, su poseer, su intuición, su sabiduría, su sencillez y su inteligencia. Con gran ternura, desde que su hijo acababa de nacer y hasta el último momento, guardaba dentro de sí lo fundamental.


Por las fiestas de Pascua iban sus padres todos los años a Jerusalén. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según costumbre. Al terminar ésta, mientras ellos se volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Pensando que iba en la caravana, hicieron un día de camino y se pusieron a buscarlo entre los parientes y los conocidos. Al no encontrarlo, regresaron a buscarlo a Jerusalén. Al cabo de tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, escuchándoles y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban atónitos ante su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, se quedaron desconcertados, y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. Él replicó: -¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo estar en la casa de mi Padre? Ellos no entendieron lo que les dijo. Regresó con ellos, fue a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. (Jn. 2, 42-51).



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Enamorados

Más allá de un sentimiento por una persona determinada, estar enamorado puede llegar a ser un estilo de vida; una forma de responder a las llamadas, los retos, las aspiraciones que la vida va poniendo por delante. Un vivir poniendo al amor como algo prioritario.



Puede resultar difícil ir navegando por la vida entre los océanos del corformismo, la comodidad y el egoísmo; los mares del reconocimiento público, la envidia, la ofensa; entre las aguas bravas de la rutina, el hastío, la soledad...; una singladura en el que puedo ceder parte de lo mío, de lo que soy; el arriesgar parte, o todo en aguas desconocidas. Sin embargo, en la brújula, siempre el amor.

«El amor es paciente, es amable, no es envidioso ni fanfarrón, no es orgulloso ni destemplado, no busca su interés, no se irrita, no apunta las ofensas, no se alegra de la injusticia, se alegra de la verdad. Todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1Cor. 13, 4-7).

Quizás puedo preguntarme ¿cómo soy de enamorado en la vida? ¿Qué/quién/quienes me apasionan? ¿Cómo voy viviendo las pequeñas o grandes opciones de mi vida?, ¿las vivo desde el amor? También puedo descubrir el amor que va apareciendo en mi vida, entretejido en lo cotidiano, o que me va empujando en situaciones concretas.

Envíanos locos

¡Oh, Dios! Envíanos locos,
de los que se comprometen a fondo,
de los que se olvidan de sí mismos,
de los que aman
con algo más que con palabras,
de los que entregan
su vida de verdad y hasta el fin.
Danos locos,
chiflados,
apasionados,
hombres capaces
de dar el salto hacia la inseguridad,
hacia la incertidumbre
sorprendente de la pobreza;
danos locos,
que acepten diluirse en la masa
sin pretensiones de erigirse un escabel,
que no utilicen
su superioridad en su provecho.
Danos locos,
locos del presente,
enamorados de una forma de vida sencilla,
liberadores eficientes del proletariado,
amantes de la paz,
puros de conciencia,
resueltos a nunca traicionar,
capaces de aceptar cualquier tarea,
de acudir donde sea,
libres y obedientes,
espontáneos y tenaces,
dulces y fuertes.

Danos locos, Señor, danos locos.

Louis Joseph Lebret

Oración: Dios ama a todos sus hijos


El Dios del que nos habla Jesús es un Dios que no conoce otra forma de relacionarse con sus hijos que no sea desde el amor. Es un padre que no premia a los buenos y castiga a los malos, sino que nos da a todos un amor desbordante. Es un amor que no excluye a nadie, creyentes y no creyentes, buenos y malos….

Lo que nos propone no es una doctrina ni una ley, es una invitación personal para optar por algo que realmente merece la pena. Cuando sentimos su amor incondicional, aún en las ocasiones que hemos metido la pata hasta el fondo y experimentamos su perdón, es cuando desde ahí, desde allí abajo, desde nuestro pecado y debilidad, desde donde nos da toda su confianza, a sabiendas de que somos débiles y pecadores, o quizá por eso mismo, porque hemos experimentado que nosotros no somos los protagonistas, que no somos el ombligo del mundo y entonces no hay mayor alegría porque percibimos que nuestra vida y nuestro proyecto encaja con algo realmente grande y bueno y que no tiene sentido disimular, porque el Señor nos conoce y no podemos hacer otra cosa que ponernos manos a la obra, junto con nuestros hermanos compañeros de camino.



Dios perdonó mi debilidad:
porque es eterno su amor.
Y me liberó de la oscuridad:
porque es eterno su amor.
Con mano poderosa, con brazo fuerte:
porque es eterno su amor.
Dios me ofrece su gracia:
porque es eterno su amor.
Dios creó en mí una nueva esperanza: 
porque es eterno su amor.
Y me llamó a una nueva vida:
porque es eterno su amor.
(Del Salmo 136).



Oración: Venid conmigo


Si miramos a nuestro alrededor, con frecuencia observamos a personas que nos llaman la atención por su entrega, por su disponibilidad y atención a los demás. El médico que trata con paciencia y profesionalidad a su paciente, aunque a veces él mismo esté enfermo; el sacerdote que escucha, dando de su tiempo y de su persona, a quien lo necesita, creando una esperanza; la enfermera que atiende solícita y cuidadosa al moribundo, dándole el convencimiento de que es importante y valioso; el catequista que cuenta la historia de cada uno de sus chavales, los cuales siguen confiando en él como en alguien que es mucho más que amigo; el padre o la madre que piensan sobre todo en sus hijos cada día al levantarse y al acostarse, que llevan sus nombres grabados en el corazón…


Porque estamos creados para dar amor y recibirlo, para ser felices amando. Nuestra vida tiene un objetivo, alguien ha pensado en nosotros antes de que existiéramos y existimos porque nos ha querido.



El Señor me dijo: Tú eres mi siervo -Israel-, de quien estoy orgulloso. Y ahora habla el Señor, que ya en el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza-: Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra. (Is. 49, 3. 5-6).



Refugio

No faltan en nuestros telediarios, como una rutina machacona, noticias sobre nuestras fronteras. Parecen cifras, parecen números. Y sin embargo, son personas, con toda una historia cargada a sus espaldas. Son miles de personas las que se agolpan, huyendo de situaciones violentas, injustas, infrahumanas, en busca de unas condiciones de vida dignas y justas. En busca de refugio.


En nuestra vida cotidiana seguramente también tengamos cerca realidades, situaciones, personas en busca de cierto refugio. Quizás nosotros mismos hayamos pasado alguna vez por alguna situación semejante de sentirnos desamparados, impotentes, desesperanzados... en busca de un refugio, seguridad, esperanza, certezas, valentía...

Proponemos orar con el ser y sentirse refugiado. Desde mi propia realidad, con mi vida, mi historia, mi forma de ser concreta. Contemplar esta situación, quizás como refugiado que busca refugio, quizás como quien recibe u ofrece refugio a quien lo necesita. Con la certeza de la misericordia de un Dios siempre dispuesto a dar refugio (Sal. 62).


REFUGIO 
Álvaro Fraile | De lluvia y de sol

Hasta aquí hemos llegado.
Dame la mano, es un paraíso,
descálzate, estás cansado…
Mira parece que hay un sitio.

Y ya has andado suficiente,
deja que ahora empuje el aire.
Rompe con todo, sé valiente,
ven cerca que pueda abrazarte.

Que yo estaré contigo siempre,
yo estaré contigo siempre…

No tengas miedo, duele el alma,
pero vendrá un tiempo nuevo,
otra bandera, otra esperanza,
tan sólo hay que encontrar el hueco.

Y que se cuele tu mirada
en los que pintan todo negro.
Tú eres la voz de los que no hablan
porque alguien los cubrió de miedo.

Y yo estaré contigo siempre,
que yo iré contigo siempre…
Mi palabra será tu refugio,
no eches de menos tu casa:
Ve con lo puesto, ve desnudo,
tuyo es el aire y el agua.

Aquí refugio, aquí sobra sitio.
abrigo, calor y silencio.
No pasaremos nunca más frío,
no pasaremos más miedo…

Y yo estaré contigo siempre
¡juro que estaré contigo siempre!



Oración: Por la unidad de los cristianos


Oramos junto con la iglesia universal en esta semana de oración por la Unidad de los Cristianos. Como cristianos, somos seguidores de Cristo, Jesús es la cabeza que dirige y guía a ese cuerpo del que formamos parte, y nadie es más que nadie, todos somos en nuestra pequeña o gran medida fundamentales para este cuerpo que debemos ser los cristianos, en pos del Reino.


Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo. Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu. Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. (I Cor. 12, 12-14).



Oración: Te doy gracias Señor, en todo lo mío intervienes


¡Cuántas situaciones vivimos cada día por las que podemos decir: GRACIAS, DIOS! Nuestra condición humana se inclina con frecuencia a la queja, a la crítica, a ver el lado más negro de la realidad. Hoy queremos traer a tu presencia todo aquello por lo que podemos estar y ser agradecidos, todo aquello que tú Señor nos ofreces por ser tus hijos, para que nuestra vida sea más plena. Gracias porque hoy nos podemos reunir a rezar juntos aquí y expresar nuestra Fe con libertad con ayuda del Salmo 136


Te doy gracias, Señor, 
porque eres bueno,
porque es constante y eterno 
tu amor conmigo.
Te doy gracias, Señor, 
Dios de todo,
porque en todo lo mío 
Tú intervienes,
porque es constante y eterno 
tu amor conmigo.
(Sal. 136).