Oración: El buen samaritano

“¿Y quién es mi prójimo?”. La parábola del buen samaritano es la forma que Jesús tiene de contestar a esta pregunta. Una parábola que vuelve al corazón de cada uno de nosotros y que me impide quedarme indiferente ante las realidades de sufrimiento que percibo a mi alrededor. Una parábola de contrastes entre los que pasan de largo y quien permanece junto al herido. Un sencillo ejemplo que todos entendemos y con el que no hace falta ser un experto en teología para saber lo que Jesús espera de cada uno.


Un samaritano que iba de camino llegó adonde estaba, lo vio y se compadeció. Le echó aceite y vino en las heridas y se las vendó. Después, montándolo en su cabalgadura, lo condujo a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al posadero y le encargó: Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta. (Lc. 10, 33-35).

Oración: Bautismo y Confirmación

Comenzamos con esta oración un recorrido por los sacramentos de la iglesia. Nos ayudarán a interiorizarles y rezar sobre los frutos que nos regalan a nosotros mismos, a nuestros hermanos y a la iglesia. Comenzamos por dos sacramentos de iniciación: el bautismo y la confirmación.

Gracias a estos sacramentos quiero contemplar los inicios de mi fe, los signos que me fueron introduciendo poco a poco en la manera de ser cristiano y que transformaron mi existencia en una vida nueva.

Por tanto, id a hacer discípulos entre todos los pueblos, bautizadlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enseñadles a cumplir cuanto os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo. (Mt. 28, 19-20).

Oración: Soñamos con ver al Salvador

Aún, estamos en Adviento, pero queremos contemplar en esta oración, el misterio de la Navidad y como lo vivimos interiormente. Descubrimos en el evangelio, que después de tanto tiempo soñando con el nacimiento de Jesús y no hay sitio para Él. Nace en un lugar pobre, quizá no es como se esperaba esta venida. Pero Dios se revela por completo en las cosas pequeñas, en lo humilde, en las personas sencillas. Y Dios se sigue revelando de esta manera.

Estando ellos allí, le llegó la hora del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no habían encontrado sitio en la posada. (Lc. 2, 6-7).

Oración: El destierro

Conforme el pueblo judío se iba apartando de la Alianza con Dios, los profetas iban anunciando que llegaría el castigo, la maldición, acompañada de la pérdida de la tierra y de la independencia. Y ocurrió. Los Babilonios invadieron Jerusalén, destruyeron la ciudad, incendiaron el templo y expulsaron al pueblo de Israel. Aquello supuso una catástrofe inmensa para los israelitas de ese tiempo. ¡El reino de Dios se acababa!

Sin embargo, en el destierro aprendieron a poner su confianza en el poder de Dios, no en poderes civiles o militares. De alguna forma Dios se desterró con los desterrados, y así experimentaron que Dios no abandona a su pueblo. Estando con ellos les garantizó que había un futuro.

Porque yo sé muy bien lo que haré por vosotros; os quiero dar paz y no desgracia y un porvenir lleno de esperanza, palabra de Yahvé. Cuando me invoquéis y vengáis a suplicarme, yo os escucharé; y cuando busquéis mi corazón encontraréis, siempre que me imploréis con todo vuestro corazón. Entonces, haré que me encontréis, volverán vuestros desterrados, que yo reuniré de todos los países y de todos los lugares adonde os expulsé. Y luego os haré volver de donde fuisteis desterrados” (Jer 29, 11-14)

Oración: Evangelii Gaudium. Llevar la buena noticia al mundo

Hace ya un año que el Papa Francisco nos convocó a todos los fieles cristianos a una nueva etapa evangelizadora marcada por la Alegría.

Con palabras llenas de cariño, cercanas y sencillas, nos invita, desde donde nos encontramos y somos, a desgastarnos en nuestro entorno, en nuestra actividad, en nuestro compromiso, con la fuerza gozosa que brota en quien acoge y se entrega a Jesús y a su Buena Noticia.

Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría. No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante!...

Oración: ¿Dónde están los profetas?

Señor, tú siempre suscitaste profetas en medio del pueblo como “centinelas” de tu alianza. Ellos fueron pregoneros y portavoces de tus promesas salvadoras. Pero ha pasado mucho tiempo y el silencio parece haber sesgado la voz profética. Por eso preguntamos: ¿Dónde están los profetas?

¿Dónde están los profetas?, es el grito de los que sufren, porque necesitan una palabra de consuelo y esperanza en su dolor.

El Señor me dirigió la palabra: ---Antes de formarte en el vientre te escogí; antes de salir del seno materno te consagré y te nombré profeta de las naciones.
Yo repuse: ---¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho.
El Señor me contestó: ---No digas que eres un muchacho, que adonde yo te envíe, irás; y dirás lo que yo te mande. (Jr 1, 4-7).



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Oración: David y Salomón. Dios hace casa en su pueblo

Continuamos orando con la Historia de Salvación a través del Antiguo Testamento. Los israelitas, tras ser gobernados por jueces y con la ayuda de Dios, pronto comprendieron que serían un pueblo menos vulnerable ante sus enemigos si las doce tribus se unían bajo la autoridad de un solo rey para todo Israel.

Rechazado Saúl por el Señor, el profeta Samuel busca al elegido por Dios. Como ocurre con frecuencia, los méritos del hombre no coinciden con la mirada de Dios, quien se fija en el último, el rechazado por todos. Una vez ungido, David, no se atribuye ningún mérito, todo lo recibido es gracia del Señor. Por su parte, Salomón, fue consciente de la necesidad de que Dios le concediera su sabiduría, por encima de las cualidades humanas e intelectuales, para gobernar a su pueblo con santidad y justicia.

Pero el Señor le dijo: ---No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia. El Señor ve el corazón. Luego preguntó a Jesé: ---¿Se acabaron los muchachos? Jesé respondió: ---Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas. Samuel dijo: ---Manda a por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue. Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: ---Anda, úngelo, porque es éste. (1 Sm. 16, 7.11-12).