Oración: Miércoles de ceniza

Celebramos el miércoles de ceniza, y con él iniciamos la Cuaresma. Tres son las prácticas que la Iglesia recomienda para la Cuaresma: la limosna, la oración y el ayuno. Son la mejor forma de disponer nuestro ánimo para un verdadero cambio de rumbo vital y una celebración gozosa de la Pascua.

La limosna, que implica vivir con los ojos abiertos al prójimo y sus necesidades, para compartir lo que tenemos y lo que somos. La oración, el encuentro personal con el Señor, en el que nos quitamos la armadura y los tacones, y nos permitimos ser: pequeños, frágiles, y profundamente amados. Y el ayuno, invitación a la justicia, a la moderación, a renunciar a los excesos que provocan sufrimiento, a la libertad.


“Rasgad los corazones y no las vestiduras; Convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso” (Joel 2, 12).



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Oración: Pedro, modelo de seguimiento

Al igual que a Pedro, también Jesús hoy me lanza esta invitación: “ven conmigo, te haré pescador de hombres”. Me invita a dejar atrás mis redes: mis miedos, mis bloqueos, lo que no me permite crecer, lo que me impide salir de mí mismo, lo que me aleja de Jesús… Y a la vez, deja que sea yo quien tome la iniciativa, me deja la libertad de seguirle. Es cosa mía dejar mis redes atrás.

En esta oración nos ayudaremos de la figura de Pedro, alguien muy humano, capaz de negar a Jesús, pero también capaz de pastorear a los apóstoles y a la iglesia primitiva con su ejemplo y su corazón.


Mientras caminaba junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos --Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano-- que estaban echando una red al lago, pues eran pescadores.  Les dijo: ---Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres. De inmediato dejando las redes le siguieron. (Mt. 4, 18-20).




Oración: Vigilia por la paz

Hoy, ante la realidad del mundo, Dios nos pide ser capaces de seguir transmitiendo su mensaje de paz y solidaridad, no desde las palabras sino desde nuestras obras...
…en la familia…
…en la educación…
…en los medios de comunicación…

Para ello, necesitamos una conversión del corazón, que va acompañada de una mirada de misericordia sobre la humanidad, sobre nuestros hermanos, sobre toda la familia humana, especialmente sobre los más pobres y castigados.



“Un samaritano que iba de camino llegó adonde estaba, lo vio y se compadeció”
Lc  10, 33 





Oración: La intuición de Jesús

Señor Jesús ¡qué enorme capacidad de intuición tienes hacia las personas que se te acercan! Ante desconocidos, amigos, discípulos  tú eres especialmente sabio para percibir su FE en ti.

Muchos de los que se acercan a ti son personas excluidas de la sociedad en la que te mueves, y con tan sólo tenerlas cerca hueles su necesidad de sentirse integrados a la vida en toda su plenitud. Los enfermos, los contagiosos, las mujeres,… que para otros no contaban, sí son importantes para ti. Buscas a los que están perdidos para salvarlos.


Entre tanto, una mujer que llevaba doce años padeciendo hemorragias, se le acercó por detrás y le tocó la orla de su manto. Pues se decía: Con sólo tocar su manto, quedaré sana. Jesús se volvió al verla y dijo: -¡Ánimo, hija! Tu fe te ha sanado. Al instante la mujer quedó sana.  (Mt. 9, 20).




Oración: Por los invisibles

Hoy puedo volver a contemplar el misterio de la Navidad y volver a sumergirme en esta historia que año tras año toca el corazón. Como una invitación a dejar que toque mi vida más allá de estos días de Navidad. Una invitación a llevar este modo de ser de Jesús a otros.

Sí Señor; Tú te hiciste carne entre nosotros eligiendo el frío, la soledad, el abandono y la pobreza. Aprendiste a crecer con lo necesario y eso hizo que tu vida fuera siempre un mirar con otros ojos la realidad que te rodeaba: estar cerca del pobre, del necesitado, del que lo ha perdido todo, del que sufre, del que llora...


“... y María envolviéndolo en pañales lo acostó en un pesebre porque no había sitio para ellos en las posadas...” (Lc. 2, 7).




Oración: Examen del Año

Inicio esta oración desde el agradecimiento por este Dios cercano que seguro se ha hecho visible para el mundo y también en mi vida a lo largo de este año. Le agradezco por todo lo que tengo y lo que soy.

Repaso lo que ha sido este año. Agradezco haberle sentido junto a mí, en mi oración, en la comunidad y seguramente que en muchos otros momentos. Voy repasando cómo ha sido el paso de Dios por mi vida este año.


Al principio ya existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra al principio estaba junto a Dios. Todo existió por medio de ella, y sin ella nada existió de cuanto existe. En ella había vida, y la vida era la luz de los hombres. (Jn. 1, 1-4).




Oración: Oración de Navidad


Fue la gente sencilla, la que vio la luz; fue la gente sencilla la que estaba dispuesta a acoger el don de Dios. No la vieron los soberbios, los arrogantes, los que todo lo saben, los que dictan las leyes según sus propios criterios personales, los que mantienen actitudes de cerrazón. Hagamos un rato de silencio en nuestro corazón para poder oír la voz del Amor, que quiere nacer en nuestra casa, en nuestra ciudad, en nuestro mundo.


“Y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no habían encontrado sitio en la posada.  Había unos pastores que pasaban la noche al raso velando el rebaño por turno.  Un ángel del Señor se les presentó. La gloria del Señor los envolvió de claridad.  El ángel les dijo: ---No temáis. Mirad, os traigo una Buena Noticia, una gran alegría que será para todo el pueblo: Hoy os ha nacido en la Ciudad de David el Salvador, el Mesías y Señor”. (Lc 2, 7-11).