Oración: Orar desde lo cotidiano

Hoy vengo ante ti Señor porque necesito un espacio en medio de mis rutinas para, sin prisa, abrir mi corazón y mis sentidos a ti. Mi ritmo acelerado y la sucesión de tareas, obligaciones y compromisos me hacen a menudo sordo y ciego a tu presencia, impidiéndote participar de mi vida. Anhelo que Tú Señor formes parte, desde el amanecer hasta que me acuesto, de las situaciones que voy viviendo en casa o en el trabajo. Anhelo que Tú seas mi guía y mi luz todos los días.

En la oración espero la relación personal y cercana con Dios, pero cada día puedo también buscar su presencia en la realidad, en las personas con las que comparte mi tiempo, y en todas sus obras. Hacer presente a Dios en medio de mis actividades, con un cambio en mi mirada, me ayudará a descubrir las pequeñas cosas en las que Dios se deja ver. Desde que me despierto puedo alegrarme de tener un nuevo día para vivirlo junto a Él, y me puedo sentir acompañado en los momentos cotidianos.

“Tu rostro, Señor, es lo que busco” (Sal 26 7-8).


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Oración: Amigos fuertes de Dios

Hoy, 15 de octubre, fiesta de Santa Teresa, y en el año en que la Iglesia festeja el 5º centenario de su nacimiento, nos ponemos en tu presencia, Señor, de la mano de la Santa.

En nuestras vidas descubrimos una llamada a mirar en nuestro interior, a buscar lo verdadero en medio de tanto cambio y tanta apariencia de plenitud. No nos satisface una vida totalmente dependiente de las modas, de lo que se espera que hagamos o de otras personas. Nos sentimos con frecuencia agitados, sin saber bien de dónde vienen esos sentimientos. Teresa de Cepeda y Ahumada, una monja carmelita de Ávila, se vio alcanzada por Jesús como un amigo que no merecía, pero que la ganaba cada vez más. Su gran misión fue comunicar toda esta aventura y animar a todos a meterse en ella con “determinada determinación”.

Por tercera vez le pregunta: ---Simón hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se entristeció de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le dijo: ---Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero. Jesús le dice: ---Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro, cuando eras mozo, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras. Lo decía indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Después de hablar así, añadió: ---Sígueme.
(Jn. 21, 17-22)


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Oración: La Creación. Un Dios que ama

Iniciamos un nuevo curso. Y un inicio puede ser un buen punto de partida para situarse ante lo que tenemos en frente, lo que nos rodea, en lo que estamos inmersos. Recordamos que formamos parte de la creación; y desde una mirada creyente, tenemos presente que el medio que nos rodea: paisajes, flora y fauna, fenómenos de la naturaleza, hechos vitales, personas con las que convivimos a diario, no son únicamente los escenarios o personajes de reparto de la película personal de nuestra vida. Hoy invitamos a sentirnos criaturas, seres creados, seres amados y seres responsables con aquello que nos rodea.

Y dijo Dios:
            -Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que ellos dominen los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y todos los reptiles. 
Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó. 
(Gén. 1, 26-27)


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Contemplar el mundo

Es fácil dejarse llevar por nuestras pequeñas comodidades, por nuestro bienestar, por nuestras “seguridades”... Por eso es bueno llevar a la oración el dolor del mundo que a diario nos muestran los medios de comunicación para liberarnos de indiferencias y justificaciones. Acercarnos desde ahí a ese dolor “lejano”, contemplar el sufrimiento terrible de hombres, mujeres y niños. Mirarles, escucharles, sentirles con Jesús. Son nuestros hermanos los que sufren, lloran, tienen miedo, suplican, tienen hambre, son explotados, reprimidos, represaliados. Están en Sudán, Mali, Ucrania, Gaza, Libia, República Centroafricana, Afganistán, Irak, Sudán, Siria, Somalia...

Contemplar el mundo con Jesús nos sitúa como cristianos ante él: “Dios quiere abrirse camino entre nosotros para hacerlo más humano”. Para ello Jesús nos ofrece la mejor opción, nos cuestiona, nos moviliza, nos contagia de su coraje y de su fuerza. Para trabajar por el Evangelio desde lo que somos y desde donde estamos. En la denuncia, en la colaboración, acogiendo, orando, acompañando... Escuchemos en nuestro interior y sigamos con valentía las respuestas que nos ofrece Jesús.


Oración: Enviados desde Pentecostés

Hemos celebrado hace unas semanas la Ascensión y también la festividad de Pentecostés. Jesús sube al Padre, pero no nos quedamos solos. La ausencia física de Jesús tiene su continuidad en el Espíritu Santo, la tercera persona de la Trinidad. Definimos al Espíritu como fuerza silenciosa, calor latente, silencio cargado de Palabra, humedad que refresca la sequía... Nos resulta complicado definir su presencia, pero no por ello renunciamos a intentar describirlo. Esa fuerza, con sus dones, nos urge a ser enviados. Como aliento que impulsa, nos envía al mundo como Iglesia
.

Nadie puede decir: “Jesús es Señor”, si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. (1 Cor. 12, 3-7)

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Oración: Con los refugiados

Son millones las personas que en todo el mundo han tenido que abandonar forzosamente sus hogares. Sólo en Siria, se estima una cifra de refugiados que podría llegar a los cuatro millones a finales de 2014. Esta guerra se ha convertido en una de las mayores crisis humanitarias de nuestro tiempo.
Los refugiados pasan por dolorosas experiencias cuando están en un país extranjero. Ellos llevan la carga de aquellos que les han causado o aún están causando este dolor. Algunos viven con miedo y quieren venganza. Los refugiados desean reconstruir sus vidas y superar las experiencias del pasado. Pero a menudo eso les resulta muy difícil.
Hoy queremos proponeros una oración por los refugiados y migrantes. Para poder acercarnos a esa realidad con la mirada de Dios y dejar que toque nuestros corazones.

Un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo (Mt 2,13)

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Oración: Bienaventurados los pobres

Elegiste un camino de pobreza para salvarnos. El adjetivo pobre evoca humildad, conciencia de los propios límites, de la propia condición existencial de la pobreza. Me llamas a transformar esa pobreza de espíritu según los dones recibidos, en un estilo de vida que se refleje en mi existencia, intentando ayudar a otros buscando lo esencial. Además, necesitamos la conversión en relación a los pobres. Tenemos que preocuparnos de ellos, ser sensibles a sus necesidades, ser solidarios.

Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, por vosotros se hizo pobre para enriqueceros con su pobreza. (1 Cor 8, 9)

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