Orando por los refugiados

En las últimas semanas asistimos comocionados a la realidad de miles de refugiados que huyendo de unos países destrozados por la guerra intentan alcanzar un lugar seguro donde vivir en la Unión Europea. Esta situación no es nueva, ya que durante todo el año han sido las imágenes de barcos llenos de personas llegando a las costas de Italia o Grecia las que han llenado periódicos y noticiarios. Sin olvidarnos de las personas que cruzan todo el continente americano para intentar cruzar la frontera de México con Estados Unidos o la crisis de los refugiados rohingya en Birmania. Tantos que esperan una vida mejor al otro lado de una frontera y tantos otros que han muerto en esas rutas al intentar alcanzarlas o cruzarlas.

Cuando pienso en todos ellos, son muchas las citas que se agolpan en mi corazón a través de las cuales Dios habla alto y claro:

"porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me alojasteis" (Mt 25, 35);
"Mira que estoy llamando a la puerta. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3, 20);
la parábora del rico y el pobre Lázaro (Lc 16, 19-31);
"Despreciado, rechazado por los hombres, abrumado de dolores y familiarizado con el sufrimiento" (Is 53, 2-12),
"Bienaventurados los que lloran porque Dios los consolará" (Mt 5, 4).

Hoy desde este blog, te invitamos a que tomes cualquiera de estos textos u otro que a ti te sugiera esta realidad. Que hagas un tiempo de silencio en tu día y dejes que esa frase te vaya impregnando el corazón. Que reces por todas esas personas que sufren esta situación de abandono, y para que todos nosotos -a nivel personal, desde nuestras comunidades y como Iglesia-, encontremos la manera de ayudarles en las necesidades materiales más urgentes. Y que también busquemos cómo cambiar la mentalidad de nuestros políticos y de la sociedad para hacer de las crisis humanitarias un asunto prioritario. Que nadie pueda volver la mirada ante un hermano que sufre sólo porque ha nacido en un país diferente al mío.  

En este tiempo de oración puedes escuchar también esta canción, que habla de ese Dios que está atento a los gritos de su pueblo y busca cambiar los corazones de los que miran hacia otro lado.




Yo, el Señor del cielo y el mar,
He oído el clamor de mi pueblo.
A todos los que viven en la oscuridad y el pecado,
Mi mano los salvará.
Yo, que hice las estrellas de la noche,
les iluminaré en su oscuridad.
¿Quién les llevará mi luz?
¿A quién enviaré?

Aquí estoy, Señor. ¿Soy yo, Señor?
He oído tu llamada en la noche.
Yo iré, Señor, si me conduces.
Llevaré a tu pueblo en mi corazón.

Yo, el Señor de la nieve y la lluvia,
He sufrido el dolor de mi pueblo.
He llorado por amor a ellos.
Y ellos me dan la espalda.
Voy a romper sus corazones de piedra,
Les daré corazones únicamente para amar.
Les haré llegar mi palabra.
¿A quién enviaré?

Aquí estoy, Señor. ¿Soy yo, Señor?
He oído tu llamada en la noche.
Yo iré, Señor, si me conduces.
Llevaré a tu pueblo en mi corazón.

Yo, el Señor del viento y del fuego,
Iré a los pobres y cojos.
Haré una fiesta para ellos.
Mi mano les salvará.

El pan más maravilloso les ofreceré,
Hasta que sus corazones queden satisfechos.
Les daré mi vida.
¿A quién enviaré?

Aquí estoy, Señor. ¿Soy yo, Señor?
He oído tu llamada en la noche.
Yo iré, Señor, si me conduces.
Llevaré a tu pueblo en mi corazón.

Fin de curso

Desde el equipo de Taller de Oración de CVX en Valladolid, damos por concluida la preparación de oraciones guiadas en este curso 2014/15.

No obstante, durante el verano, subiremos periódicamente alguna reflexión u oración que pueda seguir ayudándonos a orar en estos meses estivales.

Deseamos un buen verano a todas las personas y comunidades que nos visitan y acompañan en este espacio de oración.

Oración: Laicos en la Iglesia

Muchos no creyentes -y algunos creyentes también- identifican la Iglesia con su jerarquía, con las estructuras y con los religiosos y religiosas. Otros pueden (o podemos) vivir la Iglesia como algo estático, aquella institución a la que pertenecemos por estar bautizados pero que no aporta mucho más a nuestra fe que un nombre que nos identifica. En esta oración queremos animarte a pensar y rezar en la Iglesia como algo que te pertenece. Una comunidad viva y cambiante en la que como laico tienes mucho que aportar. Una comunidad que está abierta al mundo y que por tanto necesita de los laicos como actores privilegiados para construir una Iglesia cercana a la realidad y que dé respuesta a sus necesidades y anhelos. 

Vosotros recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines de la tierra (Hch. 1, 8).

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Oración: Laicos con el mundo

Todos los laicos participamos, de una y otra forma, en espacios donde relacionamos lo personal con lo familiar, el trabajo, la política, la economía, y la cultura. Son ámbitos en los que todos estamos implicados y en los que como cristianos inmersos en el mundo podemos aportar y dar testimonio de Cristo y de los valores del Reino. Es en esos ámbitos donde no son mis discursos o palabras, sino mis gestos, acciones, y actitudes, los que dan sal a la vida y al mundo al estilo que Tú mi Dios propones.

"Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo. Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad” 
 (Jn. 17, 19).

Oración: Siguiéndote

Oramos con las experiencias de ser elegidos, ser acompañados y ser llamados. Hoy, nos vuelves a llamar a cada uno de nosotros. Nos recuerdas tu alianza con nosotros y nos animas a seguirte.
Somos llamados a encontrar nuestro camino. Para seguirlo necesitamos estar atentos, a ver quién nos necesita. Mirar. Escuchar. Atender con las entrañas.

Yo, el Señor, te he llamado con justicia,
te he tomado de la mano,
te he formado,
y te he hecho alianza de un pueblo,
luz de las naciones.                      Is. 42, 6.


Oración: Evangelii Gaudium, servir en las fronteras

Podemos entender una frontera, como un lugar donde hay dificultad para la extensión del Reino de Dios. En la Exhortación del Papa Francisco, hay una llamada ilusionante y llena de afecto a que nos dejemos inundar por la Alegría del Evangelio, y a que llevemos esa Luz, ese Tesoro, a todas las periferias de este mundo.

“Hoy, en este «id» de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva «salida» misionera. Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio“. (Evangelii Gaudium, Papa Francisco).



Oración: Orando con María

Que difícil resulta en mi vida diaria tantas veces entender las palabras de María y comprender la entrega de amor a Dios y al mundo que encierran. Ésta humilde frase fue tu primera oración, María, que cambió el rumbo de la historia del hombre; y con estas sencillas palabras, presentaste toda tu vida a Dios, como una hoja en blanco, para que Dios escriba sobre ella lo que quiera y como quiera.

“He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”(Lc. 1, 38).