Oración: Corazón que acoge


Con cierta frecuencia, la presencia más inmediata, mi primera misión y compromiso, es tan exigente y compleja que puede limitar mi perspectiva de la realidad, hacerme caer en la indiferencia  o la indolencia frente a mi prójimo.

Dedicarme a los hijos en la etapa de la crianza, al cuidado de los padres y mayores cuando comienzan a fallarles las fuerzas, desempeñar con honestidad el trabajo que realizo, ocuparme con coherencia en el estudio y la formación, cuidar a la comunidad a la que sirvo y en la que vivo, involucrarme con fe y compromiso en voluntariados y misiones, puede hacer que me olvide de otras realidades, que las vea como algo lejano, o que poco tiene que ver con lo mío.

En la oración de hoy se me invita a dejar que mi corazón y mi mirada sobre la realidad de la inmigración se acompase al latido de del corazón de Jesús, que mi manera de ver, se vaya graduando a la manera de Cristo.


"Cuando el extranjero habite con vosotros en vuestra tierra, no lo oprimiréis. Como a uno de vosotros trataréis al extranjero que habite entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo, Jehová, vuestro Dios”. (Lev 19, 33-34).



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Oración: El grano de mostaza



Seguramente muchas veces hemos oído hablar sobre el grano de mostaza, algo muy pequeño que se convierte en algo muy grande. Y lo hemos asemejado a cómo el Reino de Dios es algo muy pequeño pero cuando se va descubriendo y encarnando, se torna en algo inmenso.
Pues bien, hoy, nos detenemos a rezar con espíritu renovado la mostaza.


El reinado de Dios se parece a una semilla de mostaza que un hombre toma y siembra en su campo. Es más pequeña que las demás semillas; pero, cuando crece es más alta que otras hortalizas; se hace un árbol, vienen las aves del cielo y anidan en sus ramas. (Mt. 13, 31-32).



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Oración: Liderar sirviendo

Un líder es una persona que transmite con su vida unos principios que animan a otras personas a seguirlos. Esto supone una gran responsabilidad dado el impacto que produce en la vida de los demás.
Sus decisiones, además, harán que el futuro de nuestro planeta y sus habitantes tome un rumbo u otro.
No es sencillo para el líder asumir y entender esa responsabilidad. En nuestro mundo podemos ver continuamente cómo la gente con poder se ha olvidado de usar ese poder para servir y, en cambio, se centra en perseguir su propio interés. Por ello es necesario, como tantas veces nos recuerda el Papa Francisco, rezar por un liderazgo desde el servicio.


Cuando les hubo lavado los pies, se puso el manto, se reclinó y dijo: -¿Entendéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis maestro y señor, y decís bien. Pues si yo, que soy maestro y señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros mutuamente los pies. Os he dado ejemplo para que hagáis lo mismo que yo he hecho. Os aseguro que el esclavo no es más que su señor, ni el enviado más que el que lo envía. Si lo sabéis y lo cumplís, seréis dichosos. (Jn. 13, 12-17).



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Oración: María; un sí que sabe a Reino

No siempre sé cómo encajar las cosas en mi vida. Algo parecido sucede en María. Contemplándola, puedo ver cómo se deja en manos de Dios y dice Sí. No necesita todas las explicaciones, sino que confía en Dios y se deja en sus manos.
Traigo ante ti, Señor, todas mis dudas, mis experiencias e intento dejar de lado las certezas a las que me agarro, y fiarme de ti sin buscar saberlo todo. 

Proclama mi alma la grandeza del Señor, mi espíritu festeja a Dios mi salvador, porque se ha fijado en la humildad de su esclava y en adelante me felicitarán todas las generaciones. Porque el Poderoso ha hecho proezas, su nombre es sagrado. Su misericordia con sus fieles continúa de generación en generación. Su poder se ejerce con su brazo, desbarata a los soberbios en sus planes, derriba del trono a los potentados y ensalza a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos. Socorre a Israel, su siervo, recordando la lealtad, prometida a nuestros antepasados, a favor de Abrahán y su linaje por siempre. (Lc. 1, 46-55).



Oración: La mejor parte

Muchas veces, la velocidad del día a día nos llena nuestra razón y nuestro corazón de quehaceres banales y sin importancia, que con nuestro permiso se disfrazan de importantes y fundamentales para nuestras vidas. Pero estas "urgencias", si las pasamos por el prisma de la mirada de Dios, se evaporan como el agua; y es entonces cuando se nos revelan las cosas sólidas que permanecen, las cosas que realmente son importantes; y la fundamental para un cristiano es la de estar a la escucha de la Palabra de Dios.



Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. (Lc. 10, 41-42).