Oración: Vivir la fe en los momentos de dificultad


Quizás resulte más fácil encontrar a Dios en la bondad, el amor, en lo bello; en cambio, se necesita una fe más sólida para encontrarlo en las dificultades, en la enfermedad, en el dolor y la muerte. Nadie quiere vivir momentos difíciles; sin embargo Dios no nos prometió que nuestra existencia no tendría retos.

Montados en la barca de la misión de construir el Reino de Dios, en nuestra vida cotidiana, puede que nos surja la tentación de sentirnos a la deriva. Las dificultades pueden hacen pequeña nuestra fe.


Al verlo caminar sobre el lago, los discípulos comenzaron a temblar y dijeron: ---¡Es un fantasma! Y gritaban de miedo. Pero Jesús les dijo: ---¡Animaos! Soy yo, no temáis. (Mt. 14, 26-27).



Oración: A ti grito (La mujer cananea)


Un día más quiero encontrarme contigo, Señor. Te presento mi mochila con todo lo que cargo en mi vida, mis ilusiones y mis compromisos, las preocupaciones, las situaciones que me tocan y las personas con las que comparto mi día a día. Además, hoy me acerco a Ti a través de una mujer, extranjera. Me imagino estar en el lugar, y presenciarlo:


“Desde allí se marchó a la región de Tiro y Sidón. Una mujer cananea de la zona salió gritando: -¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija es atormentada por un demonio. Él no respondió una palabra.“ (Mt. 15, 21-23).



Oración: El gusto de Jesús por celebrar


Jesús en numerosas ocasiones se reunió alrededor de una mesa con sus amigos, discípulos, pecadores, pobres, publicanos,… y compartió pan y vino. Su actitud no fue nada selectiva ni restringida, estuvo abierto a todo tipo de gentes. Jesús supo buscar en ese espacio, un tiempo de intimidad  y cercanía que no se daba en los caminos, las plazas o el monte, porque compartir mesa es poner vida en común. Con esta actitud, nos encontramos con Dios en esta oración rezando con nuestras mesas compartidas, nuestro "ser pan" partido y compartido.


Cuando comulgas oyes decir: “el cuerpo de Cristo”, y tú respondes: “Amén”, es decir, estoy de acuerdo, es verdad. Por tanto sé tú también cuerpo de Cristo para que tu amén sea verdadero. (San Agustín).




Oración: Alegres en la esperanza


Si echamos un vistazo a nuestro mundo y a las noticias que nos llegan podemos pensar que la alegría es algo de lo que disfrutan unos pocos, quizá los niños, y que tarde o temprano se acaba, ahogada por las desgracias que nos ocurren. Dificultades, conflictos, frustraciones, necesidades, pérdidas… nos acarrean tristezas, enfados, desesperanza... Sin embargo, hay una alegría más evangélica, más profunda, que radica en la esperanza.


 «El que tenga sed, que venga a mí y beba el que cree en mí; como dice la Escritura: “de sus entrañas manarán ríos de agua viva”» (Jn. 7, 37-38).

“Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría sea plena”. (Jn 15, 11).