Oración: Pedro, ¿me amas?

Como hemos hecho en otras oraciones a lo largo de este curso, hoy te proponemos acercarnos juntos a Jesús desde la contemplación.

En la oración de contemplación ponemos en juego los sentidos. Vamos a mirar cómo él mira a los demás, su modo de hablar, cómo se dirige a los demás. La contemplación trata de educar nuestro modo de mirar, de sentir, de pensar, de actuar al modo de Jesús. Es una invitación a sumergirnos en la persona de Jesús.

Hoy para esta contemplación nos acercamos al lago donde los discípulos de Jesús están pescando.

Por tercera vez le pregunta: “Simón hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le dijo: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero”. Jesús le dice:”Apacienta mis ovejas” (Jn 21, 17)

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Oración: Buscar y hallar a Dios

A la vista de las dificultades, la soledad, los desencuentros de nuestro mundo nos preguntamos con frecuencia “pero, ¿dónde estás?”. Incluso desde una mirada de fe hallar a Dios en el que “vivimos, nos movemos y existimos” no es algo fácil, requiere un entrenamiento de cuerpo, alma y espíritu a lo largo de toda la vida. Sin embargo, hay personas que viven con mucha naturalidad este encontrar a Dios en todas las cosas. Especialmente para Ignacio de Loyola esta fue la devoción en la que fue creciendo a lo largo de toda su vida hasta llegar hacerlo con facilidad. Dejemos que Ignacio nos muestre su camino a través de la última meditación de los Ejercicios Espirituales: la Contemplación para alcanzar amor. Un medio para vivir desde el amor de Dios, de meditar en el Amor derramado en nuestros corazones que nos invita a unirnos a Él en su continuo derroche en el mundo.

"Pedir conocimiento interno de tanto bien recibido, para que yo, enteramente reconociendo, pueda en todo amar y servir a su divina majestad” [EE.EE. 233]

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Oración: Magnificat

Hace unos días empezamos el mes de mayo, mes que acostumbramos a dedicar a María. Lejos quedan los recuerdos de cuando en la escuela llevábamos flores que con tanta alegría entregábamos para poner en el altar. Hoy es María agradecida la que nos da flores a nosotros, es María la que con su cántico de alegría, llena nuestra vida de regalos.

Proclama mi alma la grandeza del Señor, 
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; 
porque ha mirado la humillación de su esclava. 
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones 
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. (Lc 1, 46-49)

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