¿Un adviento en junio?

Hace unos días se celebraban las fiestas de San Juan en muchas ciudades y pueblos. Fiestas -en España-  asociadas al principio del verano, al inicio de las vacaciones, al calor... Y en ese ambiente es difícil darse cuenta que ese San Juan es el mismo que por diciembre nos hablarnos y nos prepararnos para la venida de Dios al mundo.

En el calendario laboral estamos en el punto del año diametralmente opuesto al adviento y la navidad. Sin embargo en nuestro calendario interior quizá no sea mal momento para acercarnos de nuevo al adviento y pensar: ¿qué puedo poner de mi parte para que Dios llegue a mi vida?

Las vacaciones son sobre todo tiempo de descanso, pero también de revisión de lo que ha sido el año y casi siempre de nuevos propósitos para el curso siguiente: aprender un idioma, apuntarme a un curso, hacer más deporte... Por eso, en estos meses en que uno tiene más tiempo libre también es un buen momento para sacar algún tiempo de oración -y por qué no unos días de retiro- y hacer esa evaluación delante del Señor. Ver qué lugar ocupa El en mi vida y qué cosas me gustaría cambiar o modificar. Probablemente no sean grandes cosas ni cambiará radicalmente mi vida, pero seguro que hay pequeños gestos o actitudes que pueden acercarme un poquito más a El.

En este tiempo en que resulta más fácil tomar distancia y mirar las cosas con perspectiva, a lo mejor es el momento de un adviento personal que me prepare para que Dios ocupe un lugar importante cuando retome el ritmo normal de mi vida. Que como decía Gloria Fuertes, se encuentre a gusto a mi lado.


Vamos a ver si es cierto que le amamos 
vamos a mirarnos por dentro un poco 
¡Hay cosas colgadas que a él le lastiman
freguemos el suelo y abramos las puertas! 
 Borremos los nombres de la lista negra, 
pongamos a los enemigos encima de la cómoda, 
invitémosles a sopa. 
Toquemos las flautas de los tontos, de los sencillos. 
Que Dios se encuentre a gusto si baja. 

Gloria Fuertes


Dedicado a los profesores


Ahora que ha terminado el curso escolar (en España) queremos dedicar este post a todos los profesores que, a estas alturas, estarán bastante cansados; casi exhaustos...

Pero es ahora cuando en nosotros puede brotar una oración más auténtica, la que no se basa en nuestras fuerzas ni empeños, sino que surge de ese Maestro que nos dijo aquello de "Venid a mí si estáis cansados y agobiados, que Yo os aliviaré" (Mt 11, 22)
El verano puede ser una gran oportunidad de descansar el cuerpo y el alma, de que se vayan disolviendo los "sinsabores" del curso (como decía S. Juan Bautista de La Salle) y vaya reposando el trabajo de fondo bien hecho: los valores e intuiciones que, casi sin ser conscientes, trasmitimos a nuestros alumnos. A nosotros nos toca ahora analizar serenamente cuál ha sido el poso que hemos intentado dejar, y si ese poso es el mejor que podíamos dejar, ese "sabor" o "color" específico -tanto individual como grupal- que sólo a nosotros nos tocaba aportar en un momento determinado. Ese es nuestro honesto ofrecimiento...
Pero sólo de ellos depende que tomen estos valores y orientaciones y las personalicen, modifiquen y complementen con su propia forma de ser. A veces se nos olvida que ellos serán los protagonistas del mañana...
Enseñarás a volar, 
pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar, 
pero no soñarán tu sueño.

Enseñarás a vivir, 
pero no vivirán tu vida.

Sin embargo, en cada vuelo, 
en cada vida, en cada sueño,
perdurará siempre la huella 
del camino que enseñaste.

(Madre Teresa de Calcuta)

Oración: Sal y luz del mundo

La oración va mucho más allá de mis sentimientos y mi vida interior. Una oración que me encierra sobre mí mismo, que sólo busca mi paz interior o beneficios para mí, no puede dejarme satisfecho. La oración me abre a Dios y a escuchar su palabra concreta para mi vida. Y esta palabra siempre me devuelve al mundo. Lugar de encuentro con Dios a través de la creación y de mis hermanos.
Los frutos de la oración van mucho más allá de mi persona. Involucran de lleno el proyecto de construcción del Reino. La oración me lanza a ser testigo en el mundo de aquello que he recibido en lo escondido de mi relación con Dios. A compartir con otros el Dios que he conocido. A transformar el mundo al estilo de Dios.
 
Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvirtúa ¿con qué se salará?. Para nada vale ya, sino para tirarla fuera y que la pisen los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para taparla con una vasija de barro; sino que se pone en el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille de tal modo vuestra luz delante de los hombres que, al ver vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre que está en los cielos. (Mt 5, 13-16)



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Acudir a la oración


Como dice un amigo mío, que es scout, lo importante no es no perderse nunca, sino tener al menos claro cuál es el camino de vuelta...

Acudí a la oración
porque me hirió de muerte la vida
Me refugié en tus brazos, Señor,
cuando no tuve más aliento.
Pero tú me empujas de nuevo
incansablemente, a mi ruedo.

Mañana empezaré otra vez,
como ayer, como cada día.
Y volveré, sí, volveré,
pero con una mirada nueva,
con una sonrisa recién estrenada,
y con esa fuerza
que sé que no es mía.

Oración: Orar con San Agustín

En la oración de hoy buscaremos acercarnos a Dios utilizando las palabras, oraciones y reflexiones de San Agustín. Su conversión y su búsqueda de Dios nos puede seguir ayudando e iluminando 1500 años después de que quisiera compartir con otros su experiencia de Dios. El testimonio de Cristo que él recibió sigue siendo el mismo que recibimos nosotros. El Dios que él encontró puede ser también el que nosotros encontremos a través de nuestra oración.

¡Ordena tu amor! 
 Mira a tu interior..., 
 no sea que ames lo que no debes, 
o no ames lo que debes amar... 
 ¡Ordena tu amor! 
 No sea que ames más 
 lo que debes amar menos 
 o ames menos
 lo que debes amar más... 
(S.Agustín)


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¿Oración de petición?

¿Es "egoísta" pedirle cosas a Dios? Por otro lado, no pedírselas ¿no es signo de poca confianza?... Quizá la clave no esté en si pedir o no pedir; sino en qué estamos pidiendo, si el objeto de nuestra petición es egoísta o no, si pido por mí-para mí o pido por mí-para otros.

En una obra del escritor brasileño Pedro Bloch hay un diálogo con un niño sobre la oración de petición que es estupendo. Como casi siempre, las mejores respuestas son las más sencillas, es decir, las de los niños:

- ¿Rezas a Dios? - pregunta Bloch.
- Sí, cada noche - contesta el pequeño.
- ¿Y que le pides?
- Nada. Le pregunto si puedo ayudarle en algo.

¡¡¡Pequeño-gran cambio de actitud!!!
"Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has dado a conocer a estos, los pequeños" (Mt 11, 25)

Oración: Las obras frente a las palabras

Cuando San Ignacio de Loyola propone al que realiza los Ejercicios Espirituales que contemple el amor que Dios ha puesto en su vida y en la creación, lo primero que le recuerda es que "el amor ha de ponerse más en las obras que en las palabras". Porque no busca que el ejercitante se quede contemplando el mucho amor recibido y lo guarde como un tesoro privado. El amor debe ser un camino de ida y vuelta, en el que el amor recibido me transforma y me convierte en amor entregado. Por eso, un amor sin obras siempre queda cojo.

Por eso no resulta nada difícil darse cuenta de qué personas son ejemplo o testimonio para nosotros. Aquellas en las que contemplamos una manera de ser y de actuar que nos atrae. Quienes por su manera de comportarse, de entregarse, de acercarse a los otros nos hacen desear cambiar nuestra manera de ser... Son esos testimonios los que realmente nos movilizan el corazón y hacen visible y cercano el amor.


En esto un doctor de la ley se levantó y, para ponerlo a prueba, le preguntó: Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué es lo que lees? Respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente, y al PROJIMO como a ti mismo. Entonces le dijo: Has respondido correctamente: obra así y vivirás. (Lc 10,27)


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Aprendiendo a confiar (en las manos de Dios)

Quizá las actitud más importante, la única realmente importante para la vida de fe sea la confianza en Dios. Estoy convencido de que, sin que casi nos demos cuenta, vivimos en una verdadera cultura del miedo: miedo a la situación económica, miedo a la precariedad laboral, miedo a unos mercados impersonales que deciden la sanidad y la vida de millones de personas en el Tercer y Cuarto mundo... Miedo también a profesar nuestra fe, miedo a ser rechazados por la tendencia dominante, ... y lo que es peor: miedo a equivocarnos al intentar vivir los ideales del Reino que nos propuso Jesús.
"Por el miedo a equivocarnos" -como dice Maldita Nerea - es precisamente por lo que dejamos de amar, dejamos de arriesgar, dejamos de hacer todo lo que es justo y grande en nuestras vidas... Cuando te quedes paralizado, sin luchar por aquello a lo que te sientes llamado por miedo al fracaso, estarás realmente fracasando.

Frente a esto, la oración puede ayudarnos a poner toda nuestra confianza en Dios; en el Dios que nos crea, nos llama y nos acompaña. Ahora más que nunca debemos interiorizar que "el Señor completará la obra de sus manos" (Sal 138) es decir, nuestra vida y nuestra vocación. El peor error sería no ponernos en camino, por miedo al camino.
Pedro Arrupe, sj, General de los jesuitas y un verdadero santo en vida, con una biografía enorme y diversa, cuando se acercaba la hora de su muerte, supo resumir toda su vida en una preciosa oración, con la que renunció a ser General (superior) de la Compañía de Jesús, que trata precisamente sobre el largo proceso (de toda una vida) de ir aprendiendo a confiar en Dios:
En las manos de Dios
Hoy me siento, más que nunca,
en las manos de Dios.

Es lo que he deseado
toda mi vida, desde joven.
Y eso es también lo único
que sigo queriendo ahora.

Pero con una diferencia:
Hoy toda la iniciativa 
la tiene el Señor.

Les aseguro
que saberme y sentirme
totalmente en sus manos
es una profunda experiencia.
"No temáis, Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20)