Oración: Guerras, odio y conflictos

El sufrimiento y el dolor cuestionan lo más profundo de nuestra fe.  A veces nos hacen incluso dudar de un Dios que decimos que es amor, y nos llevan a una espiral de dudas e incomprensión. Las respuestas se hacen difíciles y no siempre nos satisfacen por completo.
Ante la visión del dolor y lo que remueve dentro de nosotros, es habitual intentar volver la vista a otro lado. No es agradable de contemplar, y mucho menos cuando cuestiona mi estilo de vida, el de la sociedad en la que vivo, o la pasividad de muchos hombres y mujeres.
Hoy queremos acompañar a las víctimas de la violencia. Personas condenadas a sufrir la irracionalidad extrema del ser humano. Víctimas de las hambrunas, guerras internas o violencia de grupos armados, que les obligan a dejar todo y marcharse a otro país. Para muchos el trayecto hasta su destino final se convierte en una trampa mortal. Humildemente nos unimos a ellos y nos hacemos cargo de su sufrimiento.


Él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: -¿Y quién es mi prójimo? Jesús le contestó: -Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó. Tropezó con unos asaltantes que lo desnudaron, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto. Coincidió que bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verlo, pasó de largo. Lo mismo un levita, llegó al lugar, lo vio y pasó de largo. Un samaritano que iba de camino llegó adonde estaba, lo vio y se compadeció. Le echó aceite y vino en las heridas y se las vendó. Después, montándolo en su cabalgadura, lo condujo a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al posadero y le encargó: Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta. ¿Quién de los tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los asaltantes? Contestó: -El que lo trató con misericordia. Y Jesús le dijo: -Ve y haz tú lo mismo. (Lc 10, 29 - 37)

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Vigilia de Pentecostés


Os recordamos, para los que nos siguen desde Valladolid, que esta noche se celebrará la Vigilia de oración de Pentecostés, en la iglesia de los jesuitas (c/Ruiz Hernández) el sábado 26 a las 22:15.

Organiza: Red Incola y Entreculturas. ¡Te esperamos!

Oración: Pentecostés

Este domingo celebramos la fiesta de Pentecostés. Con ella terminamos el tiempo de Pascua y volvemos al llamado litúrgicamente Tiempo Ordinario. Pero para el que ha pasado "internamente" por la experiencia de la Pasión y la Pascua, ya nada puede tener de ordinario el día a día. Cada día es una nueva oportunidad de encuentro con Jesús Resucitado, que vive en el mundo, que trabaja junto a nosotros y con nosotros en hacer real el Reino de Dios.
En esta fiesta de Pentecostés recordamos que esta tarea que tenemos por delante de transformar el mundo, no es algo que dependa de mis fuerzas. Nada podré hacer si no me dejo primero transformar por el Espíritu Santo que recibo de Dios y que me habita. Si no dejo que sea él quien actúe a través de mí. Si no dejo que sea él mi fuerza y mi ánimo.
 No es un trabajo fácil. Quizá hoy en pleno siglo XXI el asumir que algo no depende de mí sea una de las tareas que más nos cuesta. Asumir con humildad que no va a ser mi dedicación, mi trabajo o mi esfuerzo lo que cambien mi vida o el mundo. Que sólo si escucho y dejo actuar al Espíritu que Dios me envía estaré realmente ayudando a dar forma al Reino de Dios. Y sobre todo, será entonces cuando podré ser testimonio para otros de lo que significa ser cristiano y les podré transmitir la verdadera alegría que me llena.

“Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido, semejante a un viento impetuoso, y llenó toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas como de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo”. (Hechos 2, 1-4)


Para los que nos siguen desde Valladolid: Vigilia de oración de Pentecostés en la iglesia de los jesuitas (c/Ruiz Hernández) el sábado 26 a las 22:15. Organiza: Red Incola y Entreculturas. ¡Te esperamos!

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Y no hay plan "B"

Hoy, fiesta de la Ascensión de Jesús a los cielos, puede ser uno de esos pasajes que no entendamos bien, que nos parezcan lejanos o "mágicos". Pero nada más lejos de la verdadera intención de Jesús al finalizar su estancia en la Tierra. Precisamente este texto tan "celestial" nos remite abruptamente a nuestra realidad más "mundana" y cotidiana, a la nuestra, a la única en la que de hecho podemos actuar. ¿Qué hacéis ahí, mirando al cielo? Dice un cuento algo así:

Cuando Jesús volvió a su casa, al cielo y se sentó a la derecha del Padre, los ángeles celebraron una fiesta para darle la bienvenida. Había globos, pancartas, confeti, música y un gran cartel que decía: "Bienvenido a casa. Misión cumplida".

Uno de los ángeles le hizo una entrevista sobre su estancia en el mundo de los hombres para el periódico local.
- Y ahora que tú, Jesús, has dejado la tierra, ¿quién va a continuar tu gran tarea?
- Once hombres que me aman, contestó Jesús.
- ¿Sólo once? ¿Pero y si fracasan? ¿No tienes un plan "B"?
- No. No hay plan "B". Estos once, y los que vendrán después... ¡son mi único plan!

Jesús no tiene manos,
tiene sólo nuestras manos
para construir un mundo nuevo
donde haya mas fraternidad y justicia.

Jesús no tiene pies,
tiene sólo nuestros pies,
para poner en marcha a los derrotados
por el camino de la libertad.

Jesús no tiene labios,
cuenta tan sólo con nuestros labios
para anunciar a los hombres
la buena noticia de la salvación.

Jesús no tiene recursos,
cuenta tan sólo con nuestro trabajo
para lograr que todos los hombres
vivan como hermanos.

Jesús, aquí tienes mis manos, mis pies,
mis labios, mi trabajo, mi sonrisa,
mi tiempo, mi ilusión, mi vida.
¡Aquí estoy Señor! ¡Iré contigo!


Más testimonios del TdeO en Tierra de Campos

Rosana, de Villalón de Campos, comparte con nosotros su experiencia con más detalle que las pinceladas que dimos el otro día:


¡Buenos días! Lo prometido es deuda, y aquí os comento un poquito mis opiniones y percepciones sobre el taller de oración. 
En primer lugar yo creo que los cristianos deberíamos saber orar todos, ya que en mi caso es una de las primeras cosas que te enseña la familia y que sin la oración no podríamos tener ningún tipo de relación con Dios. Este curso, personalmente, me ha ayudado a mejorar mi momento de oración, aumentando mis momentos de conversación con el Señor y aplicando los textos del Evangelio a mi vida personal y en mi oración, como por ejemplo pidiendo características de María o Juan, que sino hubiera sido por el taller no lo habría hecho. También ha sido muy enriquecedor el punto de vista de otras personas, ya que he podido descubrir puntos de vista que me han encantado. 
Y para finalizar, decir que unas de las cosas que más me ha aportado del taller ha sido el examen del día, sobre todo la parte del coloquio. Me ha encantado esta parte, ya que me parece súper cercana la relación que se obtiene con el Señor. 
En conclusión, este taller me ha ayudado a mejorar mucho mi oración, haciéndola de una forma mucho más cercana, para mi. Gracias por interesaros por mi humilde opinión. 
¡Un saludo amistoso! Rosana

Oración: Voces de mujer

No ha sido fácil, a lo largo de la historia, que la experiencia de Dios vivida por mujeres fuera escuchada. La propia Santa Teresa de Jesús es consciente de ello, y así lo expresa en su libro "Camino de Perfección" (ver cita en la hoja de la oración). En la oración de hoy os invitamos a tener un tiempo de oración utilizando reflexiones, oraciones y experiencias de mujeres que vivieron intensamente su relación con Dios. Que ojalá puedan ser modelos en nuestra búsqueda de Dios. Que sea también una invitación a reflexionar sobre el papel que ocupan las mujeres en nuestra Iglesia. Pidamos para que también en este ámbito, llegue a ser la Iglesia modelo para la sociedad en la que vivimos. Y agradezcamos por la entrega callada y no siempre valorada que han tenido y tienen en nuestra Iglesia.

Tenemos que alegrarnos altamente de que Dios habite en nuestra alma, y aún debemos alegrarnos mucho más de que nuestra alma habite en Dios. Nuestra alma es creada para ser la morada de Dios. (Juliana de Norwich)



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Broche final en Tierra de Campos

El pasado martes 8 de mayo tuvimos las convivencias finales del Taller de Oración que se ha desarrollado en Tierra de Campos. Han participado 148 personas en el proceso completo, y juntos hicimos la evaluación de este proceso. Vamos trascribir aquí, literal y directamente, estas valoraciones de los participantes y de sus párrocos:
Ha sido una experiencia muy positiva, que ha merecido la pena, muy interesante, que ha ayudado a mejorar la manera de orar y ha cambiado nuestra manera de hacer oración. Ha servido para  llevar la vida a la oración y  la oración a la vida. Varias personas ponían de manifiesto que en muchas ocasiones a lo largo del día hacen referencia al Señor, dando gracias sobre todo lo que les acontecía.
También han valorado mucho los tiempos de compartir en grupo, especialmente en los pueblos donde hasta ahora no se reunían. Y tienen deseos de seguir haciéndolo. También terminaban muy contentos de las convivencias de inicio y final del Taller.
La participación ha sido fundamentalmente femenina y edad adulta, aunque también han participado personas más jóvenes con interés en el taller y que realizan actividades pastorales en sus parroquias, valorando muy positivamente el taller como herramienta de trabajo y como formación en su actividad pastoral. 

- "Me ha servido para recordar algo que siempre estuvo ahí, desde que nací, pero que quizá yo no era consciente: Dios acompañándome. Me ha servido para reforzar mi fe." (Eugenia, Villalón)
- "He descubierto que el Evangelio no es sólo algo de hace dos mil años, sino que puedo trasladarlo al día de hoy" (Rosa H. de Villabrágima).
- "Tengo la sensación de no estar sola en la vida, a pesar de ser viuda y con los hijos fuera de casa"
- "He descubierto que Dios también está en mi casa y no sólo en la iglesia" (Estela E., Villalón)
- "En la oración encuentro a Dios, y en el silencio del sagrario" (Ana G., Villafrades de Campos).
- "Es como una presencia que tienes ya para todo el día" (María Jesús, Villabrágima)
- "Nos hemos dado cuenta de lo importante que es la oración en la vida del creyente"
- "La oración me ayuda a vaciarme yo y meter al Dios vivo, que me escucha y acoge" (Rosa Tomás, Medina de Rioseco).

Terminamos esta crónica con una frase de Liberata, de Melgar de Abajo, que es un calco perfecto, sin que ella lo supiera, del famoso lema de vida de san Ignacio -buscar y hallar a Dios en todas las cosas- "He descubierto que en todas las cosas está Dios" (Ante esto, no tenemos nada más que añadir)

Oración: Diálogo con las culturas

Creemos en un Dios encarnado, un Dios hecho hombre que vivió entre nosotros. Que para llegar hasta nosotros, para que le conociéramos plenamente, se hizo comprensible a nuestro entendimiento. Pudimos así conocer al Padre, pues conocimos a su hijo. Un hijo que hizo todo lo posible para hablarnos de Dios: usó su palabra, gestos, milagros, una forma de vida. Usó unas palabras para los maestros de la ley y parábolas para que le entendieran los sencillos.
Nosotros vivimos en medio de una cultura que tiene sus propios lenguajes, su manera de interpretar al hombre y al mundo. Y ahí es donde queremos ser testigos del evangelio. Donde queremos hacer visible a Dios. ¿Es eso posible? ¿Podremos hacer a Dios comprensible en nuestra cultura?¿Puede llegar el evangelio hoy a quienes lo necesitan o hay un muro de incomprensión que separa mundos diferentes que no tienen nada que decirse?

Corresponde a la Iglesia el deber permanente de escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que (…) pueda responder a los perennes interrogantes de los hombres sobre el sentido de la vida presente y futura y sobre la relación mutua entre ambas. Es necesario, por tanto, conocer y comprender el mundo en el que vivimos, sus expectativas, sus aspiraciones y su índole muchas veces dramática. (Gaudium et Spes 4)



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Comprender la propia historia, ¿es sólo cuestión de tiempo?

Dicen que comprender la propia historia es clave en el proceso de maduración personal y de obtención de la felicidad. Saber entender por qué me han pasado los acontecimientos de mi historia, qué sentido tienen y cómo me pueden influir positiva o negativamente en mi futuro es, sin duda, un anhelo profundo que todo ser humano tiene. Los creyentes necesitamos, además, hacer esta relectura desde una clave de fe: consultamos con nuestro Padre y consejero -Dios- qué significan nuestras alegrías y nuestros sufrimientos. Pero creo que este proceso de comprender la propia historia NO ES, simplemente "cuestión de tiempo". No se trata sólo de que el mero trascurso de los días te haga encajar los golpes y apaciguar los gozos, aunque es cierto que influye en cierta manera. Yo creo que la clave está en cómo es ese tiempo; si no sólo son horas, sino si están llenas de reflexión, de maduración, de relacionar hechos aparentemente dispares,... en definitiva, si dejo que sea Dios quien re-interprete mi propia historia. Para esto necesito hacer esa reflexión en un tiempo tranquilo y con una actitud de oración. 
(Cita: Todos nosotros nos equivocamos al apuntar hacia nuestros sueños de perfección. Así que valorémonos, mejor, sobre la base de nuestros esplén-
didos fallos, y así lograremos lo imposible" William Faulkner)
Al fin y al cabo, Dios es mi "criador" -decía san Ignacio- es decir, quien me creó (me dio la vida), pero también quien me cría (me mantiene la vida, me acompaña por el camino, no me dejó tirado el primer día de mi existencia). 
Según la simbología medieval, se consideraba a Dios como el gran Arquitecto de todo. Y esta acepción, quizá en desuso actualmente, nos ayuda a entender que Dios sí sabe todo lo que nos ha pasado, nos está pasando y nos pasará. Y lo mejor de todo es que Él reordena todo esto siguiendo un plan maravilloso sobre nuestras vidas, un Proyecto llamado a sacar lo mejor de nosotros mismos. De este modo podremos hacer una lectura creyente de la propia vida, donde dar gracias incluso por las cosas que antes nos parecían negativas:


Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido, 
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado, 

si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido, 
tengo por bien sufrido lo sufrido, 
tengo por bien llorado lo llorado. 

Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido. 

Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.
(Francisco Luis Bernárdez)

Oración: Creo en la Iglesia

La Iglesia “constituye en la tierra el germen y el principio del Reino de Dios” y es “sacramento de salvación” (Concilio Vaticano II). Esto quiere decir que estamos llamados a ser signo o señal de salvación y por tanto de esperanza. Los judíos del tiempo de Jesús se imaginaban que el Reino llegaría acabando con el mal de manera definitiva y casi instantánea. Sin embargo este no es el ritmo ni de la historia, ni de Dios. Tal y como nos anunció Jesús el Reino irá llegando lentamente, y la Iglesia está llamada a hacer visible el Reino de Dios del mismo modo que lo hizo Jesús: dando a conocer al Padre y estando cerca de los más pequeños. Buscando una vida plena para todas las mujeres y hombres.
Pero también sabemos que la Iglesia no es perfecta y que a veces no es fiel a su misión o no es capaz de mostrar esa imagen de Reino de Dios. Y es que formada por mujeres y hombres frágiles, no siempre estamos tan cerca de Dios como nos gustaría. A veces no respondemos con fidelidad al evangelio. Pero siempre estamos dispuestos a empezar de nuevo, confiados en el Espíritu de Dios que alienta a la Iglesia.
Y en esta complejidad entre el deseo de la Iglesia que soñamos y la realidad que nosotros mismos vivimos, es desde donde proclamamos nuestro "Creo en la Iglesia". Un credo consciente de la realidad y comprometido con su misión.

"Como pueblo elegido de Dios, pueblo santo y amado, sea vuestro uniforme la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra el otro…” (Col 3, 12-13).



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